©Ferran Martínez
Según el budismo, la mente por naturaleza está vacía. Su esencia es, por lo tanto, estar desarraigada: “La forma no difiere del vacío y el vacío no difiere de la forma; la forma es el vacío y el vacío es la forma”. El vacío y la existencia son complementarios. Pensar sólo se da como un accidente. Cuando vaciamos y aquietamos la mente, esta vuelve a su estado original y recuperamos la calma.
El “no pensar” en la pista de juego, por ejemplo en una final de Copa de Europa y a máxima presión, puede parecer contradictorio, pero no lo es en absoluto. Zeljko Obradovic quería tener controlados absolutamente todos los movimientos y jugadas y le enfurecía que tomáramos riesgos o perdiéramos un balón no forzado por la defensa. El hecho de no pensar o mantener la mente en blanco es la manera de llegar a la máxima concentración, ejecutar casi por instinto las jugadas y encontrar de manera casi automática la mejor opción.

















